Tierras de cristal de Baricco.

Publicado en Crónica de ultramar. el 26 de Octubre, 2006, 0:38 por Inari

(...)


Despacio. Despacio, como si estuviera caminando sobre una telaraña.










Despacio.
Como la carcoma.






Seguía preguntándose si alguna vez lo perdonaría.






621. Demonios. Ángeles malogrados. Bellísimos, sin embargo.

El musgo. Eso es: el musgo.



(...)






Deja que se queme esa vela, no la apagues, por favor. Si me quieres, no la apagues.



...




Se acordaba de todo, pero no del nombre. Se acordaba incluso del perfume que llevaba. Pero no del nombre.

...que si a uno le preguntaran, de qué color es el cristal, este jarrón de cristal, por ejemplo, de qué color es, y él no tuviera más remedio que responder, responder con el nombre de un color...

Pero ésa era la última frase del libro.






Una carta que uno espera de hace años y luego un día llega.




(...)





Lo he oído perfectamente. Eso era un grito.




-En último caso, se podría incluso acortar un poco esa chaqueta. Si no es más que una cuestión de unos centímetros, se podrían hacer un par de retoques...
-Ni pensar en acortar nada. Con el destino no se hacen trampas.
Pekisch y la viudad Abegg , sentados en el porche, uno frente al otro.




(...)




Nevó. Sobre el mundo entero y sobre Pekisch. Un sonido hermosísimo.



 
-En último caso se podría incluso alargar un poco esa chaqueta. Nada más que un par de centímetros, así, a escondidas...
-Ni pensar en alargar  nada. Con el destino no se hacen trampas.
Pehnt y Pekisch, de pie, sobre la colina, mirando lo más lejos posible.





(...)






1901. Sexo. PRIMERO quitarse las botas, DESPUÉS los pantalones.




(...)



Y, sin embargo,
si por ejemplo se pudiera en el mismo instante, justo en el mismo instante, al mismo tiempo - (...), ver volar una carcoma, tocar el musgo, (...), abrir una carta que se espera desde hace años, (...), acordarse de un nombre olvidado, leer la última frase de un libro, oír un grito, tocar una telaraña, (...), perdonar a alguien nunca perdonado...



Alessandro Baricco, Tierras de cristal, en Anagrama.